Un satisfecho Año del Conejo
Estamos ya en el Año del Conejo. Simbólicamente, en el horóscopo chino se trata de un año plácido, relajado y rico en relaciones. Un remanso después de los muy movidos tres últimos años chinos. El 2008, el Año de la Rata, fue un año de duro trabajo, renovación y tremenda actividad (incluyendo las Olimpiadas de Pekín). El Año del Buey, que tuvo lugar en 2009, simboliza prosperidad y esfuerzo, y fue justo en ese momento cuando China subió al ranking como segunda potencia económica mundial. En el 2010, el año del Tigre, animal que representa el coraje, el poder y la pasión, China volvió a figurar en primera plana de la escena mundial con la Expo Shanghai 2010.
Parece que al llegar el Año del Conejo, el país, después de enseñar sus garras al mundo, así como su capacidad de esfuerzo y su potencia, está relajado y, sobre todo, se siente seguro. Para dialogar y para negociar lo que ellos decidan, lo que ellos crean que haga falta. En su justo momento.
Y, efectivamente, los chinos están tranquilos. Ven que su país comienza a obtener lo que llevan años reclamando en la sombra: su orgullo perdido. Primero desarticulado por nosotros los extranjeros y más tarde por ellos mismos.
Los ciudadanos chinos, después de años transitando un período extraño que quizás necesitaban para auto analizarse y personalizarse, sacan pecho. Mientras no sea demasiado y de una manera que nadie desea, lo merecen. Y mucho.
Desde el punto de vista occidental, claro, hay muchos temas éticos que se deberían abordar. Pero no deja de ser algo tremendamente subjetivo. El ciudadano chino en el 2011, por supuesto que se plantea libertades, derechos, y cuestiona hasta su propia política. Pero antes que todo ello, mucho más importante para él, le interesa asegurar cómo viven los suyos y cómo está su país. Y ven que marcha. Esta sociedad bastante confuciana en la que viven, nos guste o no, les funciona.
La vida eufórica que transcurre cada día en ciudades como Shanghai, Pekín, Guandong o Xian, no tiene comparación con ninguna otra en este planeta. Millones y millones de personas sumidas en un caos de tráfico que al mismo tiempo es ordenadísimo. Yendo y viniendo las 24 horas del día (Shanghai, la verdadera ciudad que nunca duerme), cada peatón y cada conductor transpira y respira una ambición tremenda, pero con positivismo y con unas ganas de llevar a sí mismos y a sus familias hacia delante. Por consiguiente, llevan a todo el país hacia delante. En cierta manera, resulta admirable. Por eso, ahí están y estarán.
Feliz Año del Conejo.

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