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Monday, March 12, 2012

2 Ciudades. Pub. "Anoche", Madrid. Marzo 2012.


2 Ciudades

Entre semana, suelo ir a un sencillo restaurante muy cerca del despacho. Siempre me ha caído muy bien la dueña; avispada como persona y, por lo que veo, sagaz con su negocio. Tendrá unos cincuenta y tantos años, conserva un aire juvenil y se desplaza cimbreándose elegantemente entre los clientes.
Hace unos días, cuando le pregunté qué opinaba sobre los pekineses, se puso las manos en las caderas, frunció el ceño, hinchó el pecho y enderezó los hombros, haciendo la mejor imitación del típico burócrata pomposo.

Esa es la estampa con la que yo definiría las dos ciudades más importantes de la China continental. Pekín: Hombre, burócrata y grandilocuente. Shanghai: Mujer, sagaz y coqueta.

Los ciudadanos de Pekín suelen ser descritos como intelectuales, reservados por fuera y cálidos por dentro; gente con la que, animándoles y de una manera pausada, se puede conversar amistosamente… incluso juegan con un humor sarcástico muy característico. Les gusta hablar de política y de la cultura china. También de la familia y de su importancia dentro de esta sociedad.
Pekín ha sido históricamente la capital del Gran Imperio y lugar de residencia de las grandes dinastías y de sus emperadores. Y sigue siendo el corazón del gobierno de la República Popular de China.

Los ciudadanos de Shanghai son, en cierta manera, una especie de tribu ajena al resto de chinos, por su historia, costumbres, comida, dialecto y comportamiento.
Se les describe como gente atrevida, mundana y con pocos tapujos. Ellos se autodefinen más razonables y eficientes que el resto de los chinos, y probablemente lo sean.
La historia relevante de la ciudad nada tiene que ver con las grandes dinastías; Shanghai, estratégicamente situada al borde del rio Huangpu (y a dos pasos del Yangtze), surgió como gran centro comercial en el siglo XVII gracias a un crisol formado por mercaderes extranjeros e inmigrantes de otras regiones chinas.
En la subida al poder del gobierno comunista, tuvo que delegar ese rol de ciudad melting pot a Hong Kong. Un rol que ha ido retomando de una manera “orgánica” en los últimos años y muy a pesar de lo hongkoneses.

En cualquier caso, a pesar de que las dos grandes ciudades chinas tengan muy diferentes personalidades, creo que sus habitantes siguen siendo, a grandes rasgos, muy parecidos en lo esencial;  confucianos, de preguntas y respuestas binarias (sí – no), más interesados en las matemáticas y menos en el humanismo, competitivos, ahorradores (y al mismo tiempo voraces consumidores)… y desde los últimos años, son los habitantes de estas dos grandes metrópolis los que han liderado y lideran el nacimiento de lo que me atrevo a denominar como un auténtico dragón contemporáneo: la Nueva República Popular Internauta China.

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